¿A QUIÉN VA DIRIGIDO?

A niños y adolescentes que presenten vulnerabilidad social, aunque en muy diverso grado y modo. Por las características de los recursos y metodología utilizados, se requiere que el lenguaje esté desarrollado a un nivel conversacional y que no haya retraso intelectual.

 

A quien va dirigido

¿QUÉ PUEDEN OBSERVAR LOS PADRES Y PROFESORES? ¿CUÁNDO ACUDIR?

Ante la presencia de varios de los siguientes indicadores con repercusión en relaciones sociales, rendimiento académico, relaciones familiares, bienestar emocional…

-No mira a los ojos cuando se le habla, ausencia de iniciativa, poca expresividad en la cara, poco uso de gestos.

-Torpeza en la coordinación de movimientos, dificultades para coordinar la carrera, dificultades en caligrafía, letra ilegible.

-Dificultades para mantener una conversación recíproca y fluida (solo hablar de sus intereses, responder con excesiva información o con monosílabos). Interpretación demasiado literal del lenguaje, dificultad para entender las bromas y los chistes, los dobles sentidos, las metáforas. Dificultad a la hora de entender los juegos de equipo (como el fútbol) y de mesa, es decir, juegos que contengan reglas.

-Dificultades para jugar con iguales, para divertirse, para compartir placer.

-Inmadurez emocional, carencias en la regulación emocional; salidas de tono, rabietas excesivas para su edad, poca tolerancia a la frustración.

-Intereses muy restringidos e intensos (videojuegos, naturaleza, animales, dinosaurios, planetas, números, letras…).

-Comportamientos que dificultan el funcionamiento cotidiano: rigideces, manías, rutinas excesivas… Problemas para ir a determinados sitios por estar masificados o ser espacios muy ruidosos como por ejemplo grandes superficies.

-Reacciones peculiares a estímulos sensoriales (luz, sonido, olores), al tacto (no le gusta que le toquen).